Fecha Recopilación 2008 Autor/a
marcgisbert // christiebiel
*** Historias divertidas nuestras: el jacuzzi, el culo del coche, las manos atadas en el parque, etc ***
Una historia en el ciber con un vídeo porno
El otro día estábamos consultando Internet desde un ciber, porque en casa no tenemos Internet otra vez. Volvimos a tener, pero otra vez el vecino a descargarse sus películas porno (seguro que dirá que son series de dibujos animados de su infancia). ¡¡Ya!! ¡¡Esa excusa está muy usada!!.
Habíamos pagado una hora (que es sólo un euro) porque teníamos que responder a unos emails, y nos sobró tiempo. Así que le dije a Christie si nos poníamos a mirar vídeos porno de una página que nos dijo un amigo, y que aún no habíamos mirado todavía. En casa no podemos, porque la red que atrapamos llega con tan poca fuerza que se cuelga si la forzamos. Miramos a la gente. Detrás nuestro los ordenadores están de espalda. Había dos hombres, uno en cada ordenador, pero de espaldas y muy atentos a su ordenador, así que no había que preocuparse por ellos. A nuestro lado derecho nadie; a nuestro lado izquierda una chica, y al lado de esta chica una pareja. La chica encargada de atender en el ciber estaba en el mostrador, ladeada a
nosotros pero cerca de la puerta, junto la entrada, y nosotros unos cinco metros más adentro.
Parecía todo en orden y seguro.
Así que escribimos la dirección de la página web, y allí salieron los vídeos para elegir, a ver cuál se quería ver (al modo streaming, aunque no sé bien como se escribe en inglés). Son esos vídeos que no debes descargártelos, y sólo clickeando ya se ven (como youtube). No eran vídeos de bondage ni sado. Eran vídeos de pornografía, sexo oral, sexo vaginal, corridas, etc.
Volvimos a mirar. Todo el mundo en su sitio. No entraba nadie por la puerta. Todo igual. Aún faltaban cinco minutos para acabarse la hora del ciber, y le pregunté a Christie qué vídeo quería ver. Había uno, por ser escenas de sexo en un jardín, que los dos coincidimos, y le dí para verlo.
El vídeo empezó a abrirse.
Todo seguía igual. Lo habíamos mirado todo. Menos una cosa: el sonido del ordenador.
Sale en escena la chica, el chico y de repente, en el silencio del ciber, se escucha aaaahhhhh aahhh oooohhhhhh sí sí sigue sigue, y los gemidos clásicos que tampoco hace falta explicar uno por uno cómo son. Christie comenzó a decirme "el sonido, quita el sonido" y yo con los nervios que no sabía dónde coño estaba el sonido, y mientras tanto se seguía oyendo oooooohhhhhh sí sí met…. Y allí le di a la x de la ventana del navegador, y cerré todas, correo, páginas, messenger y lo que fuera. Quizá iba a decir meteorito, o meteorólogo, o meticulosamente. No lo sé. Tampoco sé ya ni si empezaba por me… Sólo me acuerdo que me olvidé de dónde estaba el sonido con esos gemidos.
Miremos a todas partes, a ver las caras de las gentes. Todos quietos. No se movía nadie. Nadie nos miraba. Ni tampoco vino la chica que trabajaba. Eso sí, nadie escribía, ni hablaba, ni se atrevían a girar la cabeza. Quietos como estatuas.
Y nosotros, ¡¡qué vergüenza!!. Pero en fin, para otro día ya no nos olvidaremos del sonido. Seguro.
 
Mi primera experiencia con un jacuzzi (sólo jacuzzi) - Marc Gisbert
¡ Para reír y divertirnos un rato!. Pero sólo os hablaré del jacuzzi.
De esta historia ya hace muchos meses. Yo no había estado hasta entonces jamás en un jacuzzi. Habíamos quedado con una persona para hablar de la fuerza cuántica que ejerce el sonido aplicado a la ecuación de la velocidad por el espacio en atmósferas de 48cx.
Mientras Christie y él organizaban todos los preparativos, yo comencé a llenar el jacuzzi. Tal como os he dicho, no había estado nunca en un jacuzzi. Había dos mangos en el grifo, uno para la intensidad de la salida del agua y otro para regular la temperatura, 20 y 30 grados. Yo ni idea. No sabía a qué temperatura se tenía que poner el jacuzzi, y tampoco podía preguntarlo, porque Christie y nuestra visita ya habían comenzado a filosofar sobre el tema, por lo que la puse a 30 grados.
Estaba fantástica. Muy caliente. Además aquel año era un invierno fuerte, y estábamos en plenos días muy fríos, por lo que se agradecía el calor. Me puse dentro, y estaba encantado. A los quince minutos comencé a sudar, y pensé que era del calor que emanaba del valor. Pero a la media hora comencé a tener ya mucho calor. Sudaba mucho, y no se podía estar sumergido en el agua. Tuve que sacar medio cuerpo fuera del agua.
Había pensado que mientras más avanzara el tiempo el agua empezaría a enfriarse, pero al contrario, daba la impresión que cada vez hacia más calor. El corazón me latía muy acelerado, a pesar de que estaba muy relajado, y sospeché que no era buena esa calor. Sentía algo de debilidad muscular, y entonces me di cuenta que empezaba a tener exceso de temperatura corporal.
Salí del jacuzzi en tres pasos, porque me sentía débil. Me faltaba incluso algo de respiración. Tomé una toalla, para secarme el sudor, pero al instante volvía a estar empapado. Comencé a marearme, y entonces decidí vestirme. Tenía la ropa en el baño, pero sólo pude vestirme de cintura hacia abajo.
Me faltaba mucho el aire, y cada vez sudaba más. Los pantalones estaban mojados del sudor. Llegué hasta la mochila, y pude tomar el agua. Bebí un poco, porque estaba muy fría, ya que tal como os he comentado aquel día había máximo tres grados de temperatura.
Pero yo sudaba como en pleno verano.
Quise vestirme y salir de la habitación, para tomar aire, pero ya no tenía fuerzas. No pude ni ponerme la camiseta. Estaba muy agotado, y medio mareado, porque no podía ni andar, me tumbé en la cama boca arriba.
A mi lado estaba Christie y la visita. Estaban, por aquel entonces, disertando acerca de Kant y la Crítica de la razón pura, y la influencia de Engel y la realidad socio-cultural en cuanto a los diámetros de los sombreros y capelas y el peso por el grosor respeto a la gravedad, y yo al lado, que no me enteraba de nada.
Tenía en una mano la botella de agua y en la otra la toalla, y a la vez que iba tomando pequeños sorbos de agua iba secándome el sudor. A los cinco minutos de estar allí tumbado comencé a encontrarme mejor. Me levanté, y me quedé en el baño, sentado. Ni me acerqué al jacuzzi.
¡Que horror! Ahora me río, y la escena tiene su parte cómica, pero lo pasé mal ese día.
Ahora ya sé cómo funcionan los jacuzzis. Lo aprendí desde el primer día.
 
Las manos atadas en un parque
Marc aún está impresionado. Ayer habíamos salido de contactar con una persona, y como aún era temprano nos quedamos un rato en un parque a descansar, que yo estaba cansada y no tenía ganas de volver al piso todavía, porque es muy aburrido.
A unos veinte metros habían cinco chicas, que tendrían más o menos unos dieciocho años y un chico. Estaban hablando, haciendo bromas, riendo, y en fin, normal en un grupo de amigos y amigas. Tres chicas tenían ganas de irse , y le decían a otra amiga que fuera con ellas. La chica decía que no, que se quedaba en el parque, y ellas les decían que sí, que se fuera con ellas. Que sí, que no, que sí, que no . El chico estaba sentado en una esquina del banco, callado, y allí se notaba lo que se decía, que mandan las chicas. Estaba el chico con
una cara... ¡Pobrecito! ¡Si parecía un santo! .
Mientras las otras chicas seguían insistiendo, y su amiga que no, que estaba muy bien sentada y no se quería ir.
Al final una de las chicas abre su mochila, y saca una comba, que son aquellas cuerdas de saltar. Supongo que llevarían la comba porque habrían hecho gimnasia ese día, o irían al gimnasio, a harían malabares .
Tampoco lo preguntamos.
Ya cuando ha sacado la comba, va directa a atarle las manos a su amiga, delante y juntas, por los gestos que hacía. La amiga que opone resistencia, y aparta las manos, y entonces las otras chicas le ayudan, y le cogen los brazos para que no los aparte.
Marc se estaba poniendo y yo estaba. El amigo de ellas sentado, sin hacer nada, y Marc me preguntó que si podía levantarse a ayudarles.
- "¡Tú aquí quieto!" - le dije, y Marc.
La chica oponía resistencia de la buena, y las amigas a por ella. Se reían, y gritaban, y al final le ataron las manos delante.
Sencillo, claro, aquello de una vuelta y dos nudos, y la chica que había cogido la cuerda empezó a estirar, para decirle que se iban, y ella que hacia fuerza para no irse.
Marc decía que no lo podía mirar.
Tiraban con fuerza , porque la chica tenía los brazos rectos, y hacia fuerza hacia atrás y su amiga hacia delante. Las otras le cogieron del brazo, y al final le hicieron levantarse. Una cogió su mochila, y se la llevaron del parque empujando de las manos atadas.
Marc estaba que decía "no miro, no miro" .
Además, a la chica le hacía gracia la broma, y reía, y mientras se iban del parque, que tomaron dirección hacia nosotros pero por la derecha decía que se vengaría, y que la desatarán.
Marc estaba con los ojos y decía que si les dábamos nuestra página web. Sólo en plan cultural, por si querían ideas de atarla otro día en el parque.
- "¡Ni te muevas!" - le decía yo .
El amigo de ellas nada, quieto, y se quedó hablando con la otra chica. Aún me río .
 
El culo por la ventana del coche
El otro día decidimos ir a la playa. Teníamos ya algunas conferencias de la repercusión que tiene en filosofía culinaria (que culinaria no tiene nada que ver con el culo) el ángulo vectorial de las patatas cocidas sobre la salsa de tomate a escala 1:500 en los calendarios que te dan en las empresas cada fin de semana (porque por lo menos aquí los calendarios de las chicas con las tetas desnudas son para los bares y los mecánicos), y por la mañana y el mediodía decidimos ir a la playa.
Sí, sí, ya sé que es un invierno , pero hacia un día precioso, que es normal estos días de invierno tan bonitos en un clima como el nuestro, pero se estaba muy bien, y la verdad es que no estábamos solos.
Pero no sabíamos a qué playa ir.
Nosotros somos de Girona, y nos conocemos muchas playas de la comarca de Girona, pero tampoco queríamos ir tan lejos, y decidimos ir a las playas del Maresme, que por allí hay playas que hemos visto al ir en coche muy
grandes. Pero no hemos ido nunca a esas playas, porque no son nuestras playas favoritas, y no las conocimos, así que salimos de aquí de Barcelona hacia las once de la mañana, y fuimos a una playa que está a veinte minutos con el coche de Barcelona. Era antes de llegar a Mataró, pero tampoco miré el letrero de la población. No sé si era Vilassar o Premià, o una de ésas. Tuvimos que girar como si entráramos en la población y no sabíamos cómo ir a la playa. Marc decía que tendría que haber un paso subterráneo, pero todo el rato salían calles en dirección contrario, y nos pasamos quince minutos dando vueltas, porque no encontrábamos cómo ir a la playa.
Al final lo encontramos, y sí, parece un milagro pero todavía no se había hecho de noche .
Era una calle de tierra, y la playa estaba muy tranquila, pero había muy poco trozo para aparcar. Bueno, había muchos sitios, pero era de tierra blanda, y habíamos lavado el coche el fin de semana antes, así que buscamos un sitio para aparcar que fuera de tierra dura, y había pocos sitios, y además parecía que todo el mundo había pensado como nosotros, porque sólo habían cuatro coches, pero todos aparcados en el trozo que era de tierra dura.
Bueno, Marc ya estaba cansado de conducir, y aparcamos al lado del último de esos coches, que quedaba a la derecha (por la puerta de Marc) y por mi lado tocaba el sol. Además, decía que nadie aparcaría a mi lado, porque era tierra muy blanda y estaba lleno de hierbas, y si venía otro coche seguro que buscaría otro sitio para aparcar.
Ahora es cuando os explico lo divertido.
Pero os he explicado todo para que veáis que Marc ya estaba cansado de conducir dando vueltas y buscando por todos sitios.
Marc bajó del coche, y yo también. Os tenéis que imaginar la escena. Marc estaba al lado del conductor, con un coche aparcado a su lado, y yo estaba al otro lado del coche, y allí no había ningún coche aparcado. Cierro la puerta del coche, y entonces marc me dice:
- "¡¡Que susto!!" .
Yo le pregunto por qué me dice "que susto", porque pensaba que quería decir algo de aparcar el coche, y entonces me señala el coche que tiene aparcado a su lado, y me dice:
- ¡¡Me bajo del coche y mira esto, parece un culo!!.
Lo dice hablando normal, un poco fuerte, pero mirándome a mí y riéndose, y entonces yo voy hacia al lado del coche que esta Marc, y miro y le digo:
- "No, no parece un culo. ¡¡Es un culo!!" .
Era una pareja, que estaban haciendo sexo dentro del coche. Ella estaba con la cabeza en el asiento del conductor y las piernas mirando hacia Marc, tumbada boca arriba, y él estaba encima de ella, con los pantalones bajados y como es normal tenía el culo hacia la ventana.
Entonces Marc mira otra vez, y se queda que no sabe qué decir y yo me reía a carcajadas, y le digo:
- "Mira que tienes sitio para aparcar, y tienes que aparcar al lado de la pareja" .
Me miro a la pareja, que los pobres estaban también parados y sin saber qué hacer, y les digo:
- "¡No pasa nada, vosotros seguir!" .
Nosotros nos fuimos a la arena, y yo todavía me estaba riendo por la noche.
No parecía un culo. Era un culo.
Bueno, lo comprendo porque Marc ya estaba muy cansado de conducir, porque si no le digo que vaya al oculista.
La pareja no sé cómo acabó, pero me parece que se saben estos finales . Nosotros volvimos al coche dos horas después y ya no estaban, pero eso es normal porque no creo que estuvieran dos horas . La posición era muy incómoda. La chica estaba muy encogida, y el chico creo que tiene que tener dolor de riñones, golpes de cabeza con el techo del coche, y más cosas, porque creo que esa posición es de las peores para tener sexo dentro del coche.
Todavía tendría yo que enseñarles posiciones .