Fecha 28 / 02 / 2009 Autor/a
Anatada
*** Relato bondage: El tiro por la culata ( Anatada ) ***
Los planes casi nunca salen como estaba previsto. Había planeado muy concienzudamente esta cita. Yo pensaba que invitar a Katy a ver el laboratorio donde trabajo podía generar la atmósfera adecuada para poder atarla y amordazarla (que le voy ha hacer si me gusta?). Al ser Domingo, era poco probable que alguien nos interrumpiera, porque el laboratorio está cerrado los domingos, sólo el laboratorio de urgencias queda abierto y en funcionamiento.
Pensaba que estar en un departamento cerrado dentro del ajetreado hospital tendría la dosis de morbo suficiente para vencer sus reticencias si es que había alguna, ya que sabia de buena tinta que a ella le iba que la ataran y amordazaran.
Para añadir más morbo, le ofrecí una bata para "disimular".
- Así, si alguien entra de improviso, no habrá que dar explicaciones, porque creerá que tú también trabajas aquí.
Para completar la historia, yo también me puse la ropa de trabajo (pijama y bata blanca y zuecos blancos, un diseño muy logrado). La bata que le presté a Katy le iba algo pequeña, pero eso era un problema. Así se marcaba más la rotundidad de sus curvas. Los botones mostraban en la tensión en que estaban abrochados el poco espacio que había entre la ropa y el cuerpo que cubría. Le fui enseñando las distintas dependencias (las áreas administrativas, los despachos de los médicos, algunos almacenes de material) intentando introducir siempre (con poco disimulo, lo reconozco) la idea de atarla. Que si "aquí en este armario debe de haber docenas de rollos de cinta adhesiva", que si "aquí está el esparadrapo", etc. Ella sonreía y respondía "¿y qué más hay?" A lo que mi respuesta era del tipo "¿Y que otra cosa necesitas para que te ate?" Ella despistaba, jugaba con su pelo y insistía "Venga, acaba de enseñarme esto".
Ya estábamos acabando, lo último, el cubículo de las fotos. Un espacio pequeño con el equipo fotográfico y una silla para el operador.
- Así que tienes muchas ganas de atarme, ¿eh Ana?.
- Claro. ¿Te extraña?.
- No. Tus intentos e insinuaciones me lo han dejado más que claro.
Pensé "Este es el momento", pero ella prosiguió.
- Mira: Si quieres que me deje atar por ti, primero me tienes que dejar que te ate yo.
No me pareció un mal trato. Además, a mi también me pone que me ate una chica. Pensé "mira por donde, vas a jugar con dos barajas... y vas a ganar en todos los juegos".
- ¿Y dónde quieres atarme?.
- Aquí mismo ya está bien. Siéntate en la silla y pon las manos en la espalda.
Hice lo que me decía. Sobre la mesa había un rollo de cinta adhesiva y ella lo cogió. Me sujetó las muñecas poniéndolas paralelas al soporte del respaldo, entre éste y mi espalda y con la cinta adhesiva empezó a enrollarlas, sujetándolas al respaldo. Estaba apretando bastante. La cosa prometía. Usó todo el rollo para dejar bien sujetas mis manos. Yo traté de forcejear un poco y comprobé que no tenía mucho margen de maniobra. Mientras estaba en esto, ella se alejó. No quise ponerme a gritar, no fuera que alguien fuera a oírme y en mi situación actual prefería mantener en lo posible la intimidad.
Al poco regresó, llevando en la mano varios rollos de cinta adhesiva nuevos. Se puso a mi espalda y procedió a atarme los codos junto, por detrás del respaldo de la silla.
"Oye, no vayas a gastar toda la cinta, que luego no quedará para ti" le dije sonriendo, sintiendo la excitación progresar por todo mi cuerpo.
"No te preocupes por eso" Me respondió mientras procedía a atarme los brazos al torso con más cinta. No sé si a ustedes les han atado nunca con cinta adhesiva, pero cuando se usa sobre la ropa (la bata en este caso) hace que la misma ropa participe de la atadura, porque a cada vuelta la va fijando cada vez más. Cuando Katy terminó de atarme los brazos, me di cuenta de que soltarse no iba a ser fácil.
Ella se arrodilló ante mí, con una sonrisa traviesa en el rostro (dónde iba a ser si no). Al agacharse, me ofreció una preciosa vista de su escote. Sus pechos, bajo la ceñida bata, eran de los más aparentes. Me sujetó los tobillos con una mano, mientras con la otra procedía a enrollar otra porción de cinta a su alrededor. "Oye, Katy, en serio que no vas a dejar cinta adhesiva en todo el laboratorio" "Que te calles" fue su respuesta mientras terminaba de atarme los tobillos. Terminaba? De qué! Con aún otro rollo de cinta me los ató al eje de la silla, y cómo esta vez le pareció que le sobraba, usó el resto para atarme las rodillas también.
Tras una caricia, volvió a abandonarme allí. Pensé que me dejaría allí un rato y volvería para desatarme, porque estaba claro que si ella no me soltaba iba a calentar el asiento de la silla durante mucho rato (y cómo, porque en aquel momento ya estaba más que caliente). Pensé que ya tardaba mucho, y me planteé pegarle un grito. Quise forcejear un poco contra mis ligaduras, pero estaba claro que iban a resistir.
Cuando Katy volvió llevaba las manos ocupadas. Dejó en la mesa de al lado un rollo de esparadrapo que debía haber cogido del almacén. En la otra mano llevaba una especie de pelota, formada por guantes empaquetados dentro de otro guante de látex.
"Abre la boquita" me dijo con dulzura. Intenté responder entre dientes "Ngo, Katy, por favor, ngo guerrás mederme esdo en la boca?!" Por qué tendrá que terminar boca con "a". Cuando me quise dar cuenta, ya la tenia llena con la pelota de látex. Y era grande. A ella le costó introducírmela, pero a mi me habría costaba mantenerla dentro de la boca. Claro que esto no iba a ser un problema. Antes de poder expulsarla, Katy ya estaba usando el esparadrapo sobre la boca y alrededor de la nuca para fijar la mordaza.
"Bueno, bueno, alguien va a tener que cambiar de planes hoy, parece".
"Mmmmmhhhppphhhmmm" dije yo.
"Verás cariño, es que yo ya había hecho otros planes hoy. De hecho, creo que voy a llegar tarde" dijo mientras le echaba un vistazo al reloj. "Pero no te preocupes, sabré encontrar la salida. No te levantes, por favor, no hace falta".
Yo intentaba zafarme de la cinta que me aprisionaba, pero sin ningún éxito. Apenas podía moverme y no conseguía aflojar nada mis ataduras. Quería gritar, pero el "Mmmmmppphhhmm" era todo lo que podía emitir.
"Tranquila cariño, mañana te soltará alguien, no? ¡Será la manera de no llegar tarde al trabajo, mira tú!".
Yo intentaba soltarme dando fuertes tirones, pero no conseguía nada. Katy se alejó y la perdí de vista. Al cabo de un rato, mientras yo seguía debatiéndome, oí el golpe de la puerta de seguridad al cerrarse. Esperé y grité, llamándola. Seguía ahí? O se había ido de verdad? "Mmmmmppphhhmmm" Nada. Ninguna respuesta. El tiempo pasaba sin ningún control. No podía ver mi reloj, sólo notaba que la luz se reducía porque entraba menos por las ventanas. Iba a ser una noche muy larga, si no me encontraba antes el de seguridad haciendo una ronda. Mejor que la noche fuera larga. Así podría inventar una buena historia para cuando me encontrasen. Mientras tanto, y ya que no podía hacer nada más, me permitiría disfrutar un buen rato de mi situación. Aprovecha el momento que dice el clásico latino. Pues lo iba a aprovechar, sí señor. Algo empezaba a recorrer mi cuerpo y estaba destinado a llegar de las plantas de los pies a las puntas del cabello. Y cuántas veces iba a tener esa misma sensación en aquella larga noche?.