Fecha 28 / 02 / 2009 Autor/a
Anatada
*** Relato bondage: El pelotazo ( Anatada ) ***
Ana se sentía desfallecer. Sus esfuerzos no habían podido aflojar en lo mas mínimo sus ataduras y empezaba a notar que le faltaba el aire. No era extraño: las cuerdas le apretaban al inspirar y la mordaza que le rellenaba la boca le dejaba sólo la nariz para respirar. Intentó relajarse un poco. Los brazos le dolían debido a la postura forzada a la que le obligaba la unión de los codos tras el respaldo de la silla. Cada vez las cuerdas le apretaban más. Se felicitó por haber vestido así, con un abrigo de cuero, que al menos algo le protegía la piel de la presión de las cuerdas. No quería ni pensar como se vería su piel sin esa protección. Podía ver como la cuerda se hundía sobre el cuero que cubría su pecho y notaba el corte de la cuerda sobre la piel. ¿Cómo se había metido en ese lío? Tenia que haber sido todo más fácil. Una llamada de móvil, comprobar la mercancía, entregar el dinero y lo llevarlo a sus inversores. Ya estaba. En cambio, había terminado atada en una silla y amordazada en una habitación aislada de un hotel, compartiendo habitación con la vendedora que, a su vez, había sido traicionada por su compañero.
Era curioso ver a otra mujer, vestida como ella, con un abrigo de cuero y atada como ella a la otra silla que había en la habitación. La chica -Christie, había oído- era más joven y algo más menuda que ella, pero estaba atada del mismo modo. También podía ver como los pechos de Christie seguían sus jadeos. Al principio la había visto forcejear para desatarse, pero había desistido muy pronto. Ahora la veía casi relajada, inmóvil, mirándola a ella. Le hubiera gustado interpretar su mirada, pero Christie llevaba unas gafas oscuras que lo impedían. ¿En qué situación estaba? Tenia en ella una aliada -debido a las circunstancias en que estaban- ¿o no podía contar con ella? Quizá colaborando podían soltarse la una a la otra. El único problema era la distancia a la que estaban y que la mesa sobre la que había el ordenador se interponga entre ellas. Bueno, no podía hacer nada más, así que dando un golpe de caderas intentó desplazar la silla hacia ella. No podía usar los pies para ayudarse porque estaban atados al barrote de la silla y no podía tocar el suelo con ellos, pero "saltando" podía desplazar la silla. Tendría que ir con cuidado, porque un mal movimiento la podía llevar al suelo. Estuvo a punto de caer en un par de ocasiones pero fue desplazándose hasta llegar a la mesa. Aquí la cosa se complicó. Ahora tenia que desplazar la silla y también la mesa para poder llegar hasta Christie. Y cuando llegara hasta ella, ¿cuál seria su reacción? ¿Colaboraría? A ninguna de las dos le interesaba que las pillaran allí al día siguiente. Seria muy embarazoso y difícil de explicar aunque nadie podía acusarlas de nada, ¿no? Si hubieran podido hablar... Ana siguió empujando para acercarse a su compañera. Con dificultad la mesa había cedido y Ana podía pasar entre ella y la cama. Christie la miraba y, como entendiendo sus intenciones, se desplazó algo atrás también a golpe de cadera para dejarle más espacio. Los esfuerzos de Christie obtenían menor recompensa debido a su menor talla. En uno de los movimientos, le cayeron las gafas que cubrían sus ojos. Ana descubrió que los ojos de Christie eran verdes, hermosos. Christie era bonita. Muy atractiva. No es que Ana fuera lesbiana, pero reconocía el atractivo de las mujeres como Christie. Sintió una cierta excitación que la confundió. No era el momento de pensar en el sexo, tenían cosas más urgentes entre cuerdas.
Ya estaban de frente las dos sin la mesa interpuesta. Ana observó a Christie con detenimiento. La chica estaba fuertemente atada a su silla y la posición de sus brazos, atados por la espalda, resaltaban su busto. Ana no pudo por menos que comparar. Desde luego Christie era una mujer de bandera, pero ella no desmerecía en absoluto. Más de uno hubiera pagado por verlas allí atadas y vestidas como se visten las hermanas cunado niñas. Todo esto pensaba Ana mientras intentaba recuperar el aliento tras el esfuerzo.
Volviendo a la realidad del momento, Ana retomó sus esfuerzos para ponerse al lado de Christie. Christie pareció entender sus intenciones y se esforzó en maniobrar para facilitarle sus intenciones. Lentamente, a trompicones, ambas chicas fueron aproximando sus sillas por la espalda, para poder juntar sus manos y aflojar los nudos. Ambas sentían la dificultad. Era necesario que se tocasen sus brazos para que pudieran alcanzar las cuerdas de las muñecas. Cuando se alcanzaron, Ana tomó las manos de Christie entre las suyas. Se sentían frías y tensas. Ana le sujetó las manos a Christie para darle a entender que le dejase intentar desatarla. Christie dejó sus manos como muertas para que Ana pudiera trabajar, pero esta pronto de dio cuenta que no podía alcanzar los nudos de las muñecas de Christie. Al ser más alta las manos de Ana quedaban algo por debajo de las de Christie y por más que buscaba no podía alcanzar los nudos. Ana volvió a coger las manos de Christie, rezando para que entendiera que la necesitaba, pero quizás Christie no iba a intentar desatarla. Sí, rápidamente notó que las manos de Christie tomaban el mando y buscaban dónde estaban sus nudos y se esforzaba en soltarlos. Claro, Christie tenia la ventaja de saber dónde había puesto los nudos para ahora soltarlos. Al cabo de un rato, Ana notó como la tensión de la cuerda que ataba sus manos empezaba a ceder. Rápidamente empezó a forcejear para soltarse, pero Christie la sujetó para impedírselo. Sus gritos ahogados por la mordaza parecían órdenes y Ana entendió que Christie le pedía que esperara para poder acabar de soltarla.
Bien. La cosa empezaba a tomar un buen color. ¿Cuánto rato debían llevar ahí? Parecía que habían pasado horas, pero Ana no tenía modo de saberlo a ciencia cierta. Ana sintió un tirón y como sus manos quedaban liberadas. Cogió las de Christie entre las suyas, como para agradecerle su ayuda y empezó a buscar los nudos que la aprisionaban, pero sin éxito. Notaba un nudo sobre las muñecas de Christie, pero los extremos de la cuerda estaban tan tensos que parecía que estuvieran atados en otro sitio fuera de su alcance. Ana intentó alcanzar con sus manos los nudos de le ataban los brazos, pero tampoco tuvo éxito. Los codos atados juntos le dejaban muy poco arco de movimiento y no podía alcanzar ninguno de los nudos que aprisionaban su cuerpo. Tenia que esforzarse en los nudos que ataban a Christie, que quizá serian más fáciles de alcanzar que los suyos propios. Para saber qué tenia que hacer se separó algo. Estaba agotada y su propio jadeo la estaba volviendo loca. Le parecía oír ruido, como de pasos, y voces en el pasillo. Sí, sin duda, había alguien en el pasillo. Miró a Christie, que le devolvió la mirada. Se puso a gritar tan fuerte como le permitía su mordaza y Christie se unió a ella. Entonces oyeron el chasquido de la cerradura al abrirse...