Fecha 23 / 02 / 2010 Autor/a
marcgisbert
*** Relatos de bondage VIP - El dibujo ***
Antes de leer y conocer los relatos, visitar el artículo de presentación para conocer su historia y su leyenda.
Queda al poder del lector la aceptación del siguiente relato, único en su especie y su modo, pues nació de un reto a cual valiente me presté, y quien tres condiciones a rajatabla establece.
La culpable de dicho evento, mi platónica Melissa, estudiante de Bellas Artes en la Facultad Schörfland, las citó por este orden: debía de ser escrito en un periodo máximo de veinticuatro horas, quedando totalmente prohibido rectificar cualquier letra ya escrita, y cuyo guión se basara en un tema de mi mayúscula ignorancia, siendo su elegido, tal como les será fácil vaticinar, el dibujo.
Dicen, a quienes el arte de dibujar les fascina, que éstos gozan de un poder único e inigualable cual sólo al avistarlos podemos comprender su dimensión, pues a pesar de cuantas muchas gentes creen, son un método de contacto entre el artista y sus fantasías.
Basta para demostrar tal rotunda afirmación presentarles un sujeto, cuyo nombre responde a Dekko, y quien desde muy infante dio rienda suelta a su pasión sobre todo tipo de lisas superficies, incluyendo a su conjunto los níveos tabiques que delimitaban el rectángulo de su habitación.
Líneas, bocetos más o menos improvisados trazados por su mina de grafito enfundada en un grueso cilindro de madera de cedro, y que tantos años se convirtió en el enemigo público de su acérrima madre, copaban susodichos espacios y todo aquel imperio de papel a cual para su fortuna le restara un ápice de rincón vacío.
Fortuna, sí, pues Dekko gozaba de un talento innato, casi sobrenatural, y prueba fidedigna de esta severa afirmación son sus obras, capaz de ensimismar los más rudos sentidos de quienes habían podido contemplarlos. Rebosaban entusiasmo, sacrificio, voluntad, un halo de locura y una sorprendente capacidad de expresión, pues en sus formas se deslumbraba sin esfuerzo el humor, la tristeza, el júbilo y otros tantos estados de ánimo cuales disculpen no me entretenga a nombrarlos uno a uno.
Gran parte de sus impresionantes resultados los debía a su exquisita técnica, trabajando con el brazo bastante extendido y relajado, a una distancia que le permitiera dominar visualmente todo el área del trabajo. En posición paralela, esbozaba las rectas largas y las curvas amplias moviendo el brazo y el antebrazo, sin apoyar la mano, hecho cual sólo se producía en casos de minuciosos detalles o sombras menudas, ya que citadas tareas correspondían a la muñeca.
Mas ahora, entrando ya en la acalorada adolescencia, los impulsos lascivos dominaban las entrañas de su maestría, y un dibujo, el de una joven desnuda, imperaba día y noche el recinto de su ingenua inconsciencia.
¡Ah! ¡De soberana belleza la dotó!.
La configuración de los párpados le daba, a la dama de sus sueños, una apariencia de forma almendrada al trazo esférico de sus ojos hermosos. Una mirada tierna a su creador lanzaba bajo las cejas cuyo arco curvo, fino y uniforme, encajaba sin fisuras encima de los óvalos. Su nariz, coqueta y respingona, coincidía verticalmente con el eje que divide simétricamente la cara en dos partes iguales, y las orejas, aún con su infame fama de desencajadas, coincidían de un modo majestuoso acentuando si cabía aún más la hermosura de su rostro.
  • En cuanto a sus labios, se notaban intensos, brillantes, de sonrisa agradecida y cual comisura cruzaba más allá de los parapetos del lienzo para besar a los de su oponente autor, mientras su cabello relucía un peinado libre, salvaje, de trazos ondulados hasta más debajo de su mentón, y cuya tonalidad clara la definía un sutil juego de grises degradados y difuminados, similares a los delicados tonos de la luna llena. Sin cálculo de dimensiones palpable, pues la modelo era fruto de su imaginación, Dekko empezó los factores básicos de su figura buscando una síntesis de luces y sombras ligeras que resaltaran ya de antemano el aire erótico que pretendía imprimirle. Su posado era de cuerpo entero, frontal, de pie y centrada en el lienzo, aunque, a pronto de cumplirse el mediodía, una terrible duda asolaba el ser del vanagloriado artista, pues con una rotundidad fuera de sospecha hubiese jurado que anoche, antes de acostarse, dejó su obra sin terminar.
  • Tal afirmación provenía al contemplar el dibujo acabado, perfectamente encajado en sus ocho módulos correspondientes, sus hombros de estrecha amplitud, la avispada cintura confrontada a las anchas caderas, la articulación del codo situada en el centro de la distancia que separa su clavícula de la muñeca, y sus brazos caídos en calma dando una inconfundible apariencia de dócil obediencia. Ni una vulgar prenda cubría su carne desnuda, con sus pechos firmes, arrimados uno al otro, los excitados pezones rodeados de su tranquila aureola y su vello púbico, talado a medida, enseñado sin tapujos.
  • Muy probablemente fuese la histórica calor, cual acechaba el hábitat de sus latitudes, la causa lógica de su pérdida de memoria. Temperaturas superiores a cuarenta grados arreciaban sin cesar desde un alba falto de rocío hasta ese ocaso donde ni una mísera tela nubosa teñida de barnizado rosáceo se atisbaba a todo lo largo y ancho de la cúpula celeste, y Dekko, malhumorado, tenso, hastiado del tremendo bochorno, apenas salía de su hogar. El viento cargado de ardor infernal penetraba por sus ventanales abiertos de par en par, impregnando la intimidad de su recinto con una insoportable atmósfera que le convertía en un genio histérico y enajenado, mas su pasión era dibujar, y sólo él podría haber creado la sublime obra de cual les he hablado.
  • Bella, increíblemente bella, resultaba la forma de su modelo, y durante todo el día siguiente estuvo sentado frente su mesa de trabajo, dibujándola una y otra vez, enamorado, fascinado, pues su elegida gozaba de una perfección humana como jamás se halla conocido.
  • De perfil, brindaba un arco pronunciado, con las nalgas sobresaliendo algo más allá de la vertical marcado por los omóplatos y sus piernas en porte marcial trazando una discreta diagonal. Su pecho, el izquierdo, se ocultaba tras su otro hermano, pícaro y travieso, mientras los labios parecían aguardar un beso sobre la llana marea de su morada.
  • Vista de espaldas, ésta formaba un triángulo invertido cuya cúspide señalaba ansiosa la nítida zona de sus glúteos sumisos. Sus brazos, impasibles, inmóviles, yacidos casi paralelos a su costado adecuado de los dorsales, mostraban signos de la más nula resistencia a todos los perversos deseos brotados de su mente.
  • ¡Y así fue!.
  • A finales de esa misma semana, decenas y decenas de dibujos y bocetos había realizado ya de su joven fantasía, siempre desnuda salvo en una corta serie cual le añadió cierta indumentaria de corte fetichista, tales como lencería sexy, zapatos con tacón de aguja o botas altas cuyo sombreado escandaloso delataba su textura de cuero.
  • Frente a ella, Dekko recordaba aquellos instantes siendo él aún muy arrapiezo, donde encerrado en el búnker de su habitación ojeaba a través de los cristales las efigies de los vulcanos edificios mientras, alzando sus pupilas efebas, suspiraba por cual doncella plasmaba ya presente la fecha.
  • Ahora, aquellos impetuosos saltos del jergón antes de dormir, las raudas carreras sin calzarse sobre las frías mayólicas de su hogar, el acurrucarse sobre las cálidas faldas de su madre cuyo zarco iris se dilataba perplejo al escuchar el férreo ánimo de su futuro, son meras anécdotas, sucumbidas a un arte real cual arrecia su énfasis en componer trazos, líneas, sendas donde gritan a viva voz su perfección para que todas juntas el viento las meza con sumo celo hasta dejarlas holgar en el brizo de sacrosantos paraísos.
  • ¡Ah! Por fin su amada obró forma, y tanta era la emoción que dibujaba con pulso tembloroso similar a cuando el frío penetra como enjutas espinas por la piel tartamudeando las manos a su libre antojo.
  • En cuanto a sus dibujos, poco a poco, quizá producto de la libertina edad o traicionado por los homúnculos cuales de su ova iban despertando, se tornaron más pornográficos, haciendo brillar los ojos de la modelo con grises diamantinos y envueltos en un halo tórrido que eclipsaba todo acto lindante al esqueleto de su obstáculo.
  • Producto de la complicidad entre ambos creyó, por primera vez en toda su vida, justificado el empeño de sus padres en no cegar la descendencia sin más, y fue entonces, apoderado su ser por la ira de cupido, que tuvo la funesta ocurrencia de recompensar a su arte.
  • Me refiero a desvestirse, a despojarse sin prisa de los atuendos que cubrían hasta la última de sus vergüenzas y poseído por una envidiable imaginación, vislumbrar la figura femenina con los brazos apoyados sobre la álgida barbacana de su balconada.
  • - "¡Por favor! ¡Ven!" - le solicitó, y ella, obediente, sin demora se acercó.
  • Andaba al mismo ritmo zángano de tantas tardes al pasear por las angostas callejuelas del barrio gótico de la ciudad, deleitado en observar las reliquias de la historia, picaportes de pesado plomo en la madera de los portales, arcos con tirabuzones estratificados vistiendo sus seseras, y los seniles faroles apelmazados de oxidado hierro y mamparas de vidrio bañado alumbrando la magna calma de las veredas peregrinas.
  • Diez segundos tardó en apegarse a él, dejando a su paso aquel rastro de viruta y serrín cual se esparce frente las cancelas donde afanan artesanos carpinteros. Su mirada se asemejaba a los rostros serenos esculpidos en mármoles y cuyas fijas pupilas dan la impresión de parpadear, al tiempo que una loca alegría invadía la entrepierna de nuestro personaje.
  • No podía creer cuanto estaba a punto de suceder, y cual es mi deber advertirles que les va a sorprender, pues aún clavando ella sus rodillas en el suelo, con la confusa pasión de hincar raíces por debajo de las baldosas, seguía siendo un dibujo.
  • ¡Sí! ¡Un dibujo! Demasiado sencillo resultaría virar el relato hasta hacer emerger tal preciosa princesa de su lienzo.
  • Si acaso tal suceso han pensado, erran por completo.
  • Recuerden, eso sí, a Dekko desnudo, obrada en su cerebro la escena en cual previo momento a estos comentarios me he detenido, y en el hecho de dibujar su espalda arquearse hacia delante, abrir los dos labios que centenares de tardes han besado afectuosos sus parietales, enmudecidos, sin expresar una lacónica cita para el venidero mañana, y succionar cuyo órgano no está al alcance de cualquier foráneo.
  • Dekko, inmerso en un mundo cual distaba enormemente de ser real, sintió un morboso hormigueo por debajo de la epidermis que le sumergió aún más en su cinematográfica fantasía. Estaba excitado, muy excitado, sintiendo incluso las manos de ella sobre su vasto interno, recorrer el hueco poplíteo, rozar los gemelos, y de nuevo subir hasta aparcar sus tiernas caricias sobre el glúteo medio del muchacho.
  • - "¡Así! ¡Así! ¡Sí!" - vociferó el pobre afortunado.
  • Apenas sin variar su posición, la joven chica de su arte se deleitaba en sus jugosos quehaceres, oscilando muy vagamente su mentón, arriba, abajo, mientras su amo se derretía de un gusto sin igual.
  • Escasos minutos más tarde, hubo de rendirse ante un orgasmo que colmó toda aspiración de sus sentidos. Por desgracia, sus dibujos mostraban un estado de ánimo temporal con cual ahora, ya complacido, no lograba identificarse, y ocurrió inevitablemente la tragedia que bien harían de sospechar.
  • ¡Maldito avaro! ¡Con qué desdén la borró despectivo de sus lienzos! Los cabellos… Esos ojos tristes cuales suplicaban un ápice de reflexión… Los labios, que tantos y tantos besos sin cansancio se lucían a modo de ofrendas votivas… Sus firmes pechos, envueltos de una aura erótica cuya precisión jamás la carne igualará… O la cintura, cáliz de un perverso sexo por el cual no cesaba de suspirar.
  • ¡Oh! ¡Ogro criminal! De manos burdas y asesinas quienes, extrañamente… ¿se difuminan?.
  • ¡Dekko!… ¡Dios! ¡Dekko es un dibujo! ¡Una mera comparsa cual se ha creído su propia fábula, y de cuya historia, mi bella Melissa, has sido ingenuamente cómplice! Mas no debes de alarmarte por haberte atrapado inocente en la trampa, pues si traduces tal relato a la vida real, en cualquier campo o incluso personaje, verás cuantas angustiosas coincidencias hallarás.